jueves, 31 de julio de 2008

de una emboscada a un triunfo


En la Edad Media, un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso, desde el primer momento, se procuró encontrar un chivo expiatorio para encubrir al culpable. El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas posibilidades de escapar al terrible veredicto: la horca.
El Juez, también en complot, cuidó no obstante de dar todo el aspecto de un juicio justo, por lo que dijo al acusado: -- "Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de Él tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tu escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino."
Por supuesto el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: CULPABLE, pero el hombre virtuoso, aún sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria. El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Este respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse abrió los ojos y con una extraña sonrisa en los labios, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engullió rápidamente.
Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon de modo airado: -- “Pero, ¿qué hizo? ¿Cómo vamos a saber ahora cuál ha sido el veredicto?” – “Es muy sencillo”, respondió el hombre... “Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que me tragué”. Con rezongos y bronca mal disimulada, debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.


Reflexión:
Adivinar la estrategia de tu oponente te ayudará a cambiar una situación "delicada" en
una oportunidad estratégica


martes, 29 de julio de 2008

felicidad = riqueza ?

Una vez, un padre de una familia acaudalada llevó a su hijo a un viaje por el campo, con el firme propósito de que éste viera cuán pobre era la gente del campo, que comprendiera el valor de las cosas y lo afortunados que eran ellos.
Estuvieron por espacio de un día y una noche completos en una granja de una familia campesina muy humilde.
Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta a su hijo:
- Qué te pareció el viaje?...
-¡ Muy bonito Papá ...!
- ¿Viste qué tan pobre y necesitada puede ser la gente?
-¡¡ Si..!!
- ¿Y qué aprendiste..?
- Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro.
Nosotros tenemos una piscina de 25 metros, ellos tienen un riachuelo que no tiene fin. Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas.
Nuestro patio llega hasta el borde de la casa, el de ellos tiene todo un horizonte.
Especialmente Papá, vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia.
Tu y mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo.
Al terminar el relato, el padre se quedó mudo ... y su hijo agregó:
- ¡¡Gracias Papá, por enseñarme lo rico que podríamos llegar a ser...!!

Reflexión:
"Todo hombre es rico o pobre según el grado en que pueda gozar de las cosas necesarias, convenientes y gratas de la vida", dice Adam Smith


siempre positivo, nunca negativo.

Había una vez un ciudadano que vivía al lado de una carretera donde vendía unas ricas albóndigas con pan. Estaba muy ocupado y por lo tanto no oía la radio, no leía los periódicos, ni veía la televisión.

Alquiló un trozo de terreno, colocó una gran valla y anunció su mercancía gritando a todo pulmón: "Compren deliciosas albóndigas calientes". Y la gente se las compraba.

Aumentó la adquisición de pan y carne. Compró un terreno más grande para poder ocuparse mejor de su negocio. Y trabajó tanto que dispuso que su hijo dejara la Universidad donde estudiaba Ciencias Comerciales a fin de que le ayudara.

Sin embargo, ocurrió algo importante. Su hijo le dijo:

-"Padre, ¿pero no escuchas la radio, ni lees los periódicos? Estamos sufriendo una grave crísis. La situación es realmente mala; peor no podría estar".

El padre pensó: "Mi hijo estudia en la Universidad, lee la prensa, ve la televisión y escucha la radio. Sabe entonces lo que dice".

Compró pues menos pan y menos carne. Sacó la valla anunciadora, dejó el alquiler del terreno a fin de eliminar los gastos y ya no anunció sus ricas albóndigas con pan. Y las ventas fueron disminuyendo cada día más.

Después de un tiempo, el negocio estaba realmente afectado

-"Tenías razón hijo mío", le dijo al muchacho. "Verdaderamente estamos sufriendo una gran crisis".


Reflexión

Si pensamos en negativo fracasaremos en nuestros proyectos. Si queremos ganar debemos pensar en postivo

El afrontar las dificultades con optimismo nos ayudará en nuestra vida personal y profesional con ánimo y perseverancia, descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos recibir.

domingo, 27 de julio de 2008

"buena suerte, mala suerte, se verá"


Un día apareció un caballo en la granja de una aldea. El dueño de la granja lo cuidó y el caballo se quedó. La gente de la aldea le decía: Qué buena suerte. El respondía: “Buena suerte, mala suerte, se verá”.

Pasado unos días, el caballo se marchó. La gente de la aldea le dijo: “Qué mala suerte”. Él contestó: “Buena suerte, mala suerte, se verá”.

Pasada una semana, como le había cuidado muy bien, el caballo regresó con una manada de caballos. La gente de la aldea le dijo al dueño de la granja: “Qué buena suerte”. Y él respondió: “Buena suerte, mala suerte, se verá”.

Después de unos días, uno de los caballos le dio una coz al hijo del dueño de la granja que le rompió las piernas. La gente de la aldea le dijo: “Qué mala suerte”. Él contestó: “Buena suerte, mala suerte, se verá”.

Después de dos semanas, los ejércitos de ese país se llevaron a todos los jóvenes a la guerra excepto a su hijo que tenía las piernas rotas… ¿Buena suerte, mala suerte?, se verá.

Reflexión:

De toda situación que a priori es mala suerte o desastre, después de un tiempo podemos alegrarnos que haya ocurrido. Esto es aplicable a todos los ámbitos personales y profesionales: un divorcio, un despido laboral, y proyecto que no nos adjudican, etc.. .

viernes, 25 de julio de 2008

El empujón


La historia transcurre en un crucero de lujo que, repleto de turistas, va recorriendo algunas islas del mar Egeo. El viaje discurre plácidamente, hasta que un día el tiempo empeora de forma brusca. El cielo se tiñe primero de gris y luego negro, con unos nubarrones tremendos que presagian una tempestad de tomo y lomo. El mar está muy agitado, con unas olas cada vez mayores que hacen que el barco, que es un pedazo de barco, se tambalee. Ante esta climatología tan adversa, la inmensa mayoría de los pasajeros, los más osados, aquellos que deciden contemplar el paisaje que, aunque sombrío, tiene también algo mágico. Entre estos pocos pasajeros intrépidos se encuentra un padre con su hijo de seis años. Ambos están acodados en la baranda del crucero, contemplando el vaivén de las olas. De repente, ante una fuerte sacudida del barco, el niño se cae al gua. El padre se queda momentáneamente petrificado, sin saber qué hacer. Y cuando está en pleno proceso acelerado de toma de decisión - me lanzo, no me lanzo - otro pasajero se tira al agua. El niño está gritando desesperado, pero afortunadamente el pasajero logra rescatarlo y todo termina felizmente. Al cabo de un rato, cuando los ánimos tanto del niño como del padre se han serenado, este último se dirige al salvador de su hijo y le dice, en tono algo tembloroso "sé que lo que usted ha hecho por mi hijo es impagable, pero me gustaría recompensarle" y, mientras habla, saca de su cazadora un talonario de cheques y una estilográfica, dispuesto a escribir la cantidad de euros que sea. El salvador le contesta: "Gracias, pero no". El padre insiste: "Entienda que tengo la necesidad moral de recompensarle de alguna forma". El salvador vuelve a rechazar la oferta: "Le agradezco la intención, pero, de verdad, no es necesario". El padre vuelve a la carga: "Mire, no hablemos de dinero. Dígame usted cualquier capricho, que se lo financio encantado. Soy millonario, así que no sufra usted por eso. ¿Quiere un castillo en el sur de Francia?, ¿una de estas maravillosas islas? Lo que sea, dígamelo, y se los consigo". El salvador, en tono firme, rechaza de nuevo la recompensa: "De verdad no insista. Yo también soy millonario, es más, multimillonario, por eso estoy disfrutando de este crucero de lujo y no necesito absolutamente nada". A pesar de la firmeza del salvador, el padre persevera en el ofrecimiento. La discusión se prolonga un buen rato más hasta que finalmente el salvador, ante la tremenda insistencia del padre, le dice: "Bueno, está bien, ya que insiste usted tanto, hágame un favor: averígüeme quién ha sido el hijo de puta que me ha empujado al agua"

Reflexión:
A veces, para hacer grandes cosas, necesitamos que nos den un empujón.

comenzando

Siempre me ha parecido emocionante convertir un cuento en un instrumento para la formación de los empleados. Los relatos nos permiten entusiasmar y atrapar la atención, al estar cargados de energía. Considero que son una herramienta para interiorizar de manera amena conocimientos en las personas.
Las moralejas que podemos sacar de los cuentos no sólo son aplicable a la propia formación profesional sino también en las ventas, campañas de marketing, presentación de proyectos,..., es decir en nuestra vida profesional y personal.
Un ejemplo de lo comentado, es el libro "¿Quién se ha llevado mi queso?". Me pareció una fabula con un mensaje muy claro y constuctivo, de hecho lo he regalado a varios amigos que en algún momento de su vida habían sufrido cambios importantes.

Espero con el tiempo poder publicar mis propios relatos, pero hasta entonces todos los publicados serán cuentos que me han contado alguna vez o he leido en alguna fuente.

No quiero extenderme más y empezar con el primer relato. Espero recibir muchos comentarios de lectores sobre las moralejas.

un saludo