domingo, 31 de agosto de 2008

Problemas en el arca


En el arca de Noé los animales llevaban tanto tiempo que
empezaron a organizar juegos y actividades para divertirse. Pero no tuvieron
mucho cuidado, y en uno de los juegos, un pájaro carpintero terminó haciendo un
agujero en el fondo del arca. El agujero empezó a crecer, y en poco tiempo
comenzó a entrar muchísima agua. Uno a uno, disitintos animales trataron de
arreglarlo, peleándose incluso por ser los que salvaran el barco, pero ni
siquiera la presa del castor pudo hacer nada. Empezaron a asustarse y pensaron
que el barco se hundiría, pero entonces la abeja explicó a todos cómo ellas
siempre trabajaban todas juntas y en equipo, cada una haciendo lo que mejor
sabía, y todos comenzaron a organizarse y ayudarse: los pájaros tiraban todos
juntos del barco hacia arriba, los elefantes y otros animales grandes llenaban
sus bocas de agua para sacarla del barco, los más rápidos iban de acá para allá
juntando materiales que los que construían nidos y madrigueras utilizaban para
arreglar el boquete cada vez mayor. Así, todos trabajando, consiguieron frenar
un poco el hundimiento, pero no pararlo. Desesperados, siguieron buscando si
faltaba algún animal por ayudar. Buscaron y buscaron, pero en el barco no había
nadie más. Pero de repente, un pez se coló en barco, y los animales se dieron
cuenta de que ¡aún no habían pedido ayuda a todos los animales del mar! Pidieron
al pez que buscara ayuda para salvar el barco, y acudieron peces y peces, y
hasta una gran ballena que terminó por cubrir el agujero mientras el resto de
animales reparaban el barco. Y así fue como todos los animales se salvaron con
la ayuda de todos.


Reflexión

Las cosas que parecen imposibles para uno sólo pueden conseguirse cuando todo el mundo ayuda.

martes, 26 de agosto de 2008

El burro del aguador


Un aguador viajaba por los pueblos con su burro cargado de agua, y un perro que los seguía.

Una persona, al verle llorando, se le acercó y le preguntó: "¿Por qué lloras, aguador?"

El aguador respondió: "Lloro por estos pobres animales. Mi pobre burro está viejo y cansado, y no soporta el peso de tanta carga. Y este perro nos sigue porque está sediento. Yo sufro mucho al verlos así".

El hombre le dijo: "La solución es muy sencilla: dale un poco de agua al perro. Así el perro calmará su sed, y el burro al menos aliviará un poco su carga".

"¡Ah, eso no! -Contestó el aguador. -Eso no lo puedo hacer. El agua la necesito toda para mí".

El hombre miró primero al burro, después al perro, y finalmente al aguador, que seguía llorando, y se alejó pensativo, diciendo:

"La verdad es que ya no sé quien es aquí el burro..."

Reflexión:

Cada vez más se esta hablando de la importancia que tiene para las organizaciones saber gestionar adecuadamente y optimizar sus personas para avanzar en todos los sentidos.

Luego llega la dura realidad demostrándonos que aún nos queda mucho camino por recorrer para llegar a una adecuada gestión de las personas en muchas empresas.



jueves, 21 de agosto de 2008

La pipa y el peine


Una pareja estaba preparándose para celebrar su aniversario de boda. El marido y la mujer trataban de encontrar un regalo adecuado para dárselo cuando llegara la fecha.

Tenían amor, pero no dinero. Él decidió vender su pipa y con el dinero, compró un peine para ella.

Cuando se encontraron para darse los regalos, ambos recibieron la mayor de las sorpresas, porque ella había cortado su hermosa cabellera y la había vendido para comprar tabaco de pipa para él.


Reflexión:

"Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor se escapa por la ventana."

Thomas Fuller (1610-1661) Clérigo y escritor británico.

lunes, 18 de agosto de 2008

El sapo incansable


En un lejano pueblo se organizó una carrera de sapos con el objetivo de alcanzar lo alto de una torre. Mucha gente se reunió pare verlo y no paraban de animar. Pero como la multitud no creía que pudieran alcanzar la cima de aquella torre, lo que más se escuchaba era:
“¡Que pena! ningún sapo lo conseguirá…”
Y los sapitos comenzaron a desistir. Pero había uno que persistía subiendo en busca de la cima, y eso que la gente seguía
“¡Que pena! ningún sapo lo conseguirá…”
Y más sapitos dándose por vencidos, salvo aquel sapito que seguía y seguía, cada vez con más y más fuerza.

Cerca del final de la competición todos desistieron, menos el sapito costante. Que finalmente llegó a la cima con todo su esfuerzo. Un sapito le fue a preguntar su secreto para llegar hasta el final.

Y descubrieron que era sordo.


Reflexión:

Haz siempre lo que consideres mejor y no te dejes desanimar.


viernes, 15 de agosto de 2008

Cuento del Pollito


Iba un pollito amarillo chillón por el campo feliz caminando, cantanto pío, pío, de pronto un lobo sale a su paso, ¡pollito te voy a comer¡ -dice con voz ronca y fuerte- como trueno, PIO,PIO,PIO, el pollito corre desesperado grita ¡auxilioooo, pio,pio,pio! corre a un lado, corre al otro y siempre el lobo detras de el, casi lo alcanza ¡pasa detrás de una roca y se esconde! el lobo lo encuentra, corre el pollito desesperado. Cuando pasa debajo de una vaca, que se encuentra pastando, justo en el momento en que la vaca estaba haciendo sus necesidades… le cae encima al pollito una gran avalancha de mierda que lo tapa completamente.

El lobo lo pierde de vista, lo busca y nada, ¡el pollito se siente a salvo¡ en ese momento el pollito saca la cabeza de la enorme plasta de caca y dice ¡PÍO, PÍO! al escucharlo el lobo lo ve y lo saca de la plasta, lo lleva al río, lo lava y se lo come tan feliz…


Reflexión:

  1. No todo el que te cubre de mierda es tu enemigo.
  2. No todo el que te saca de la mierda es tu amigo.
  3. Y lo más importante, cuando estes de mierda hasta el cuello mejor no digas ni PIO.

miércoles, 13 de agosto de 2008

El desconocimiento de lo real


Un hombre se está probando un traje hecho a medida y le dice al sastre:

- ¡Hay que meter la tela de esta manga! ¡Es cinco centímetros demasiado larga!

- No, mire, si dobla el codo, le queda perfecta –dice el sastre.

- Ya, bueno… -continúa el hombre-. ¡Pero fíjese en el cuello! Cuando doblo el codo, el cuello se va para atrás.

- ¿Y qué –insiste el sastre-. Levante la cabeza y échela para atrás. Perfecto.

- Pero ¡es que ahora el hombro izquierdo está tres centímetros más abajo que el derecho!

- Ningún problema. Dóblese por la cintura hacia la izquierda y verá cómo se le recompone.

El hombre se marcha de la sastrería con el traje puesto, el codo doblado, la cabeza erguida y echada para atrás e inclinado hacia la izquierda. Sus andares se convierten en una especie de bamboleo espástico.

En una esquina se cruza con dos transeúntes.

-Mira, un tullido –dice el primero-. ¡Pobre hombre, qué pena!

- ¡Sí, pero su sastre debe ser un genio! –responde el segundo. El traje le sienta de maravilla.

Reflexión:

El desconocimiento de lo real nos crea otra realidad, sólida y coherente. No podemos preguntarnos con cual quedarnos, porque solo conocemos aquello que vemos. No dudamos porque la certeza es evidente.
Conforme el cliente del sastre se cruce con más gente que le vea tullido, acabará siéndolo.

lunes, 11 de agosto de 2008

No es oro todo lo que reluce


un trágico día mueren en un accidente de tráfico tres empleados de una gran empresa: José, un joven becario tan atractivo como sinvergüenza; Armando, un argentino, jefe directo del anterior, con más labia que espalda, y Luis Miguel, un tirano con gafas, superior de ambos, y MBA por la Universidad de Georgetown…

Los tres suben al cielo y se les aparece San Pedro conduciendo un reluciente Mercedes rojo y con aspecto macarril.

- Estáis en el cielo y aquí todo el mundo se desplaza en coche. Dependiendo de cómo os hayáis portado en vuestra vida, así será vuestro cochecito celestial.

- José, tú fuiste una pieza, además de utilizar constantemente palabras feas para referirte a tus jefes, te has dormido unas cien veces en el trabajo, te has emborrachado en todas las cenas de Navidad. Y además has puesto los cuernos 20 veces a tu piba. Conclusión, vas a heredar el Twingo de un tunero que pasó por aquí una seman.

- Armando, te has aprovechado siempre de tu equipo para no currar y le pusiste cinco veces los cuernos a tu esposa, te toca un Corsa 1.400 en buen estado.

- Por útlimo, Miguel, ni una falta injustificada en tus quince años en la empresa, ni una copa de más, nunca infidelidad… un poco tiranillo como jefe , pero bueno…Conducirás un Aston Martin V8 de 400CV. Además vas a vivir en la suite presidencial del Cielo.

Cuatro meses después se encuentran los tres compañeros en una rotonda, donde Armando y José están muy contentos pero Luis Miguel está llorando desconsolado, ni se baja del Aston Martin.

- Pero ¿Qué pasó? Le preguntaron los subordinados, si tienes el mejor coche y vives en la mejor zona

- No sé si sabéis que mi mujer ha muerto.

- ¡vaya!,, lo sentimos

- Sertirlo… Más lo he sentido yo cuando la he visto esta tarde conduciendo una Vespa

Reflexión.
Como dice el refranero popular, " a todo cerdo le llega su San Martín". Aunque para eso hay que esperar a la otra vida.

viernes, 8 de agosto de 2008

Felicitación o Castigo ?

Cierto día un carnicero que estaba atendiendo a sus clientes vio que un perro se metía en la carnicería. Empezó a gritarle para que saliese de la tienda. El perro salió pero a los pocos minutos volvió a entrar y despues de entrar y salir unas cuantas veces más el carnicero se dio cuenta que traía algo en la boca.

Saliendo de detras del mostrador, se acerco hasta el perro y vio que lo que traía en la boca era una nota envuelta en un plástico. Cogió la nota y la leyo: “Podría usted enviarme medio kilo de chuletas y cinco salchichas?”. Envuelto en el plástico venía también un billete de 50 euros.

El carnicero preparó el pedido y una vez listo metió en una bolsa las chuletas y las salchichas junto con el cambio. Mostro las asas de la bolsa al perro, que las puso en su boca y abandonó la carnicería.

El carnicero estaba asombradísimo y decidio salir detras del perro para ver qué hacía.

El perro camino por la calle hasta llegar a un semáforo donde se paró, depositó la bolsa en el suelo, se alzó sobre sus patas traseras y pulsó el botón para que el semáforo cambiara a verde para los peatones. Esperó sentado con la bolsa de nuevo en su boca hasta que el semáforo le dejó pasar, cruzó tranquilamente y caminó hasta la parada de autobus. Al llegar, observo las señales que indicaban los diferentes autobuses y sus rutas, se sentó y esperó.

Al poco rato para un autobús pero el perro no se movió, un poco más tarde llego otro y el perro subió rapidamente por la parte de atras para que el conductor no lo viese. El carnicero no daba credito a lo que estaba viendo y subió también al autobús.

Tres paradas después el perro se alzo sobre sus patas, toco el timbre y cuando el autobús paró se bajo. El carnicero bajó tras él. Los dos caminaron unos minutos más hasta llegar frente a la puerta de una casa. El perro dejó la bolsa en el suelo y comenzó a golpear la puerta con sus patas delanteras mientras ladraba, como nadie le habría dio un salto a una tapia y de allí salto al alféizar de una ventana consiguiendo golpear varias veces el cristal. Salto otra vez a la calle y volvió a coloarse frente a la puerta. A los pocos segundos la puerta se abrió y salió un hombre que sin mediar palabra empezó a golpear al perro mientras le gritaba lo inútil que era.

Al ver aquello, el carnicero se fue hacia aquel hombre le sujetó para que no pegara más al perro y le dijo: ¡Por favor, deje de pegar al perro! ¿No se da cuenta que está cometiendo una injusticia?. Este perro es un genio.

“¿Un genio?” grito el hombre, ¡este imbecil de perro es la segunda vez esta semana que se olvida las llaves!.


Reflexión:

Todos queremos sacar lo mejor de nuestros equipos para alcanzar los objetivos definidos. Esta necesidad nos lleva muchas veces a ser demasiado exigentes y centrarnos sólo en los errores, cuando una felicitación haría mucho bien a las personas que forman nuestro equipo.

jueves, 7 de agosto de 2008

Las heridas dejan cicatriz!


Había una vez un muchacho con muy mal caracter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia debía de clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta y descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos que retirar de la puerta. Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: “Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos agujeros en la puerta, nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves.”
Reflexión:

Las heridas que provocamos dejan cicatrices que permanecerán para siempre sin importar cuantes veces te disculpes.
¿Puede una herida verval hacer tanto daño como una herida física?