miércoles, 13 de agosto de 2008

El desconocimiento de lo real


Un hombre se está probando un traje hecho a medida y le dice al sastre:

- ¡Hay que meter la tela de esta manga! ¡Es cinco centímetros demasiado larga!

- No, mire, si dobla el codo, le queda perfecta –dice el sastre.

- Ya, bueno… -continúa el hombre-. ¡Pero fíjese en el cuello! Cuando doblo el codo, el cuello se va para atrás.

- ¿Y qué –insiste el sastre-. Levante la cabeza y échela para atrás. Perfecto.

- Pero ¡es que ahora el hombro izquierdo está tres centímetros más abajo que el derecho!

- Ningún problema. Dóblese por la cintura hacia la izquierda y verá cómo se le recompone.

El hombre se marcha de la sastrería con el traje puesto, el codo doblado, la cabeza erguida y echada para atrás e inclinado hacia la izquierda. Sus andares se convierten en una especie de bamboleo espástico.

En una esquina se cruza con dos transeúntes.

-Mira, un tullido –dice el primero-. ¡Pobre hombre, qué pena!

- ¡Sí, pero su sastre debe ser un genio! –responde el segundo. El traje le sienta de maravilla.

Reflexión:

El desconocimiento de lo real nos crea otra realidad, sólida y coherente. No podemos preguntarnos con cual quedarnos, porque solo conocemos aquello que vemos. No dudamos porque la certeza es evidente.
Conforme el cliente del sastre se cruce con más gente que le vea tullido, acabará siéndolo.

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