
El siguiente relato me lo ha contado un amigo. Espero que le llegue a su destinatario:
Reflexión:
La verdad que hablar mal de segundas personas es un juego muy peligroso que debemos de tratar de evitar.
Una mujer católica fue a un confesionario y le dijo al sacerdote: padre, he pecado, he hablado mal de una amiga mía sin motivo a la gente y me arrepiento.
El sacerdote le escuchó y como plegaria le dijo:
-vete a la plaza del pueblo, quita las plumas a una gallina, déjala a esta marchar y deja las plumas en la plaza. Deja pasar una hora y recoge todas las plumas, esa penitencia te hago.
-Ella agobiada le dijo:
-Pero padre ¿cómo voy a poder hacer lo que usted me dice? A poco de dejar las plumas el aire se las llevará y más aún aunque encontrara algunas...¿cómo podré juntarlas todas?
A esto el sacerdote le contestó:
-pues lo mismo que con las plumas y el aire pasa con la honra...que cuando se pierde ya no se puede recuperar...
Y hubo de marcharse la pobre mujer desconsolada y afligida por el daño que había ocasionado a su amiga.
Reflexión:
La verdad que hablar mal de segundas personas es un juego muy peligroso que debemos de tratar de evitar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario