martes, 2 de septiembre de 2008

El chisme


El siguiente relato me lo ha contado un amigo. Espero que le llegue a su destinatario:
Una mujer católica fue a un confesionario y le dijo al sacerdote: padre, he pecado, he hablado mal de una amiga mía sin motivo a la gente y me arrepiento.

El sacerdote le escuchó y como plegaria le dijo:

-vete a la plaza del pueblo, quita las plumas a una gallina, déjala a esta marchar y deja las plumas en la plaza. Deja pasar una hora y recoge todas las plumas, esa penitencia te hago.

-Ella agobiada le dijo:

-Pero padre ¿cómo voy a poder hacer lo que usted me dice? A poco de dejar las plumas el aire se las llevará y más aún aunque encontrara algunas...¿cómo podré juntarlas todas?

A esto el sacerdote le contestó:

-pues lo mismo que con las plumas y el aire pasa con la honra...que cuando se pierde ya no se puede recuperar...
Y hubo de marcharse la pobre mujer desconsolada y afligida por el daño que había ocasionado a su amiga.

Reflexión:

La verdad que hablar mal de segundas personas es un juego muy peligroso que debemos de tratar de evitar.

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